Blog Fundación Europamundo

La Fundación Europamundo ha creado un Blog que pretende dar cabida a las experiencias, historias, anécdotas, situaciones de la vida cotidiana en el desarrollo de los proyectos, historias de vida, de las Entidades, ONG, a las que les financiamos los proyectos, de sus colaboradores y voluntarios. La Fundación Europamundo quiere dar a conocer a las Entidades a través de sus experiencias personales sobre el terreno. También la Fundación Europamundo quiere dar un espacio a los voluntarios de su Fundación así como a todos los colaboradores de Europa Mundo Vacaciones para cuenten sus experiencias sociales, relacionadas con ONG o sus vivencias.



Índice:



  • Marzo 2015 - Un viaje con huella por Vanessa Fraile


    Soy desde hace ya bastantes años guía de Europamundo, pero en esta ocasión no les voy a hablar de un viaje cultural por Europa, si no de un viaje interior, de un viaje desde nuestra cotidiana vida de abundancia y bienestar a otra realidad paralela de pobreza y necesidad. El pasado mes de febrero tuve la suerte de poder ir a la amazona boliviana a realizar un voluntariado con la ONG Solidaridad Médica. El trabajo que se está realizando allí ha sido el de llevar asistencia sanitaria a las comunidades indígenas de Tsimanes, que se asientan en el río Maniqui en el departamento del Beni de Bolivia. Esta etnia se encuentra olvidada en medio de la selva, sin acceso a medicación o sin agua potable. Nuestro desplazamiento ha sido en canoas, donde transportábamos todo el material necesario para dar una buena asistencia, medicamentos, báscula, tallímetro, leche para bebes, jeringas, material de odontología, material de laboratorio, microscopio, nuestra propia alimentación y un largo etc. Los tsimanes viven repartidos a lo largo del río, se trata de una etnia muy primitiva que no habla español y que no viven en poblaciones, sino dispersos dentro de la vasta selva. Yo no soy personal sanitario y al principio mi mayor preocupación era el que no supiera ayudarles en esta tarea. Hoy de vuelta puedo decir que me he sentido muy útil y que cualquier ayuda es poca en estos casos.

    Cada día nos hemos trasladado a una comunidad diferente para brindarles el derecho básico a una asistencia médica a la cual no tienen acceso. En 26 días de expedición hemos atendido a más de 1500 personas. Nuestro trabajo no solo consistía en aliviar sus dolores, proporcionarles una medicación adecuada para sus dolencias, pesar y medir a los niños, encontrar si había algún niño desnutrido para poder ayudarles en su alimentación con leche suplementaria, darles cursos de higiene básica (como la importancia de hervir el agua que toman o el lavarse las manos para evitar parásitos), dar un servicio de odontología... Además de todo esto, nuestro trabajo consistía en montar y desmontar las tiendas de campaña cada día, buscar y cortar leña, recoger agua del río para beber, cocinar nuestra comida y sobre todo y con diferencia el trabajo más duro fue la cargar de cajas, cajas donde llevábamos todo ese material, cajas que teníamos que sacar de las canoas transportar bajo lluvias torrenciales o sol incesante por caminos de barro hasta la posta.

    Convivir durante un mes con personas que carecen de lo más básico, como es el acceso a un simple paracetamol, una ducha o agua potable, ha hecho que cambie mi mirada. Ya no veré la ducha o un grifo de agua potable como un simple dispensador de agua, sino como un elemento revolucionario y casi de lujo que nos libera de largos paseos bajo un sol incesante, o lluvias torrenciales, de salvar obstáculos, de meterse en el barro para llegar a un rio donde llenar un cubo, un bidón y volver a recorrer ese camino de retorno, para poder lavarte o beber.

    Cuando se es solidario se recibe más de lo que se da, es decir se enriquece realmente la persona al olvidarse de sí misma para pensar en cómo servir a los demás. Considero que todo el mundo debería de tener esta experiencia ya que amplía la concepción de la realidad que normalmente se tiene sobre el mundo y sobre otros pueblos no tan favorecidos como en el que vivimos. Me considero privilegiada de haber tenido esta experiencia y espero poder repetirla cuando me sea posible.




  • Noviembre 2014 - Carmen Altesor


    Estamos en África, recorriendo y conociendo Marruecos de la mano de una guía inigualable, Aurora. Me dejó perpleja el conocimiento que tiene de esa tierra, su historia, sus costumbres, su geografía, su idiosincrasia.

    Y finalmente llegamos a Khorbat. ¿Qué se puede decir de un lugar donde se respira amor, paz, armonía, familia? Porque eso fue lo que sentí cuando entré en ese rinconcito de África donde la Fundación de Europamundo, pone su granito de arena, ayudando para que puedan llevar a cabo sus propios emprendimientos.

    Nos mostraron los trabajos que hacen; artistas, cada cual en lo suyo: chales bordados, pinturas utilizando varias técnicas que van desde la plumilla hasta el acrílico pasando por el óleo y todo en ese ambiente del cual nos costó desprendernos.

    Vimos el aula donde se imparte enseñanza a los niños y que se convierte en consultorio médico una vez por semana.

    Todo muy sencillo, pero con mucho orden, higiene y buen gusto.

    Espero poder volver, más aún, me encantaría volver!




  • 1 de Junio 2014 - Llegada a Nepal

    ciden

    Llegué a Katmandú el sábado pasado y ya sólo aterrizar fue espectacular: montaña y verde por todos los lados y abajo multitud de cajitas de cerillas, de todos los colores y sin orden alguno. Y según te vas acercando éstas van cogiendo la forma de casas, en muchos casos en un estado lamentable. El trayecto del aeropuerto al hotel impacta: calles bastante destrozadas, boquetes y "charcos" por todos los lados (es época de lluvias todavía) y pobreza y suciedad. Y cuando llegas al hotel te acuerdas de que estás en Nepal y que los estándares hoteleros no son los de Europa...pero, esto es lo que hay!

    Al día siguiente bien temprano cogía el bus que me llevaría a mi primer destino, Pokhara (donde estoy haciendo mi primer mes de voluntariado) y de nuevo, al ver la cola de autobuses y subirme al que pensaba que era el mío (resultó no serlo exactamente, pero llegué igual a mi destino) vuelves a acordarte del tema de los estándares nepalís-europeos!.... Y segundo trayecto por esas carreteras que parecen caracterizar Nepal... Resultado: 8 horas para hacer 200 km... No comment! Afortunadamente tengo la gran capacidad de dormirme en cualquier lado y en este caso el paisaje ayudaba a hacer el viaje más llevadero.

    Y por fin en la casa acogida-orfanato: "Rainbow Children Home". Es una ONG nepalí, que en asociación con la española CIDEN lleva un orfanato, un taller de artesanía para mujeres y una tienda de comercio justo que vende los productos del taller (bolsos y esas cosas...) y que financia parcialmente el orfanato. Hay además otros proyectos en marcha, entre ellos un centro de formación para jóvenes. Cuando llego los niños ya han vuelto del colegio y están jugando al ping-pong o subidos a los columpios que un voluntario italiano ha comprado.... Las presentaciones no sirven de mucho, ya que a los 5 segundos (sí, segundos) se te han olvidado todos los nombres....bueno, el único que retienes es Anita (os imagináis porqué, pero resulta que hay 2 niñas que se llaman así y ya no sabes quienes son!) Te consuela enterarte que el resto de los voluntarios que llevan varios días (un italiano y un español) tampoco se acuerdan de todos.... Y es que son casi 40 niños los que viven ahí, de 4 a 16/17 años más o menos. Como acabo de llegar y es mi primera tarde me dicen que me lo tome con tranquilidad pero la realidad es que ya me apetece que me lo cuenten todo, me apetece empezar a ayudar y con todo me voy acercando a los enanos que están más que entretenidos en los columpios.... Al rato llega el resto de la gente de la ONG que voy conociendo y a eso de las 20h la primera de las muuuuuchas cenas (y comidas...) que se van a repetir durante todo el mes: el DAL BHAT, comida básica nepalí (y casi única) de las zonas de montañas que consiste en arroz, verduras y una salsa de curry, dicen que con lentejas....pero a mi me cuesta verlas!! Bueno, pues en la cocina han puesto a modo de dibujo lo que supone el DAL BHAT en "Rainbow" : "Dal bhat power 24h"... Dal Bhat para comer y Dal Bhat para cenar!!

    Una semana en Pokhara….

    ...y a ver por donde empiezo!!! Porque el domingo hizo exactamente una semana que llegué y son muchas las sensaciones, impresiones y cosas que he vivido, tanto en el orfanato como en la ciudad... Pero empecemos por el orfanato :)

    La entrada, con nuevas zonas en construcción

    Patio trasero

    Zona ping pong y al fondo el "lavavajillas" y la cocina

    La rutina de los niños está bastante estructurada, y cada uno de los mayores es responsable de uno o dos pequeños, de que tengan sus cosas ordenadas (los voluntarios hacemos todos los días la 2a ronda de chequeo...), de que se duchen y se cambien de ropa cuando les toca (las duchas...volveré sobre este tema!). Se levantan bastante temprano, a eso de las 6h30 para limpiar zonas comunes (solo los mayores), ordenar sus cosas y terminar los deberes del día anterior (sobre este tema también volveré). Luego desayunan (Dal Bhat claro), se ponen el uniforme y van saliendo a la entrada del orfanato. Los voluntarios nos repartimos para acompañarles al cole (van a 3 diferentes) y según el enano que te coja de la mano pues vas a uno u a otro.. Me encanta ese momento! Piensas que muy probablemente el niño coge tu mano de manera aleatoria, porque justo estaba a su altura, pero te da igual... Se la das y no quieres que termine el trayecto al colegio. Pues hasta las 16h que vamos a recogerles no les volvemos a ver... Y según llegan, fuera uniforme, un rato de juegos y a "hacer" los deberes. Como buenamente podemos ayudamos a los pequeños a hacer sus mates, inglés y luego a jugar todos hasta la hora de la cena, sobre las 19h30.

    Los mayores sirven a los pequeños y los voluntarios nos ocupamos nada más de que tengan sus vasos llenos de agua... Parece una chorrada, pero con el calorazo y humedad que hace aquí te pasas 20 minutos paseándote por la cocina escuchando a cada segundo "cristina water, cristina water..." A veces creo que se compinchan y me torean un rato al pedirme agua todos a la vez!!! Nosotros los voluntarios cenamos sobre esa misma hora y luego ya nos retiramos...

    Lo que os iba a comentar de la limpieza... (esa que en general brilla por su ausencia...). Los niños se duchan y se cambian de ropa 2 veces a la semana, los miércoles y sábados...y se duchan porque prácticamente les metes tú debajo del grifo o del cubo de agua (las duchas deben existir sólo en los hoteles..). No les gusta nada!!!! Yo ya he "chantajeado" a las niñas pequeñas...un botecito de champú nuevo a cada una (se lavan el pelo con el mismo jabón de manos/cuerpo) si me prometen que este miércoles se duchan sin hacerse las remolonas...es que no sabéis lo que les cuesta!!! Es una tortura... Y encima para la cabeza tienen que darse 3 veces el champú: 2 para las liendrecillas que tienen...(esas si que no brillan por su ausencia) y otra para el normal. Resultado de mi primer día de duchas con ellas: casi 3 horas para ayudar a 5 niñas..... Y yo que les digo que me ducho 4 veces al día para combatir el calor!!! O no me entienden o deben pensar que soy un bicho raro porque me ponen unas caras de desconcierto!!!

    Bueno, menudo rollo os estoy contando... Pero es que lo estoy viviendo tan profundamente que quiero compartirlo todo!!! Otro día sigo con el tema de los deberes...

    Ha sido una semana intensa... Mi llegada, la despedida del voluntario italiano, Simone, que se emocionó hasta saltársele las lágrimas (cuando te vas del orfanato los niños organizan unos bailes en tu honor).... La nota que dejó al día siguiente a los responsables de CIDEN es auto explicativa de lo que se debe sentir cuando te separas de los niños: "gracias por romperme el corazón". Se me hizo un nudo en el estómago cuando me lo contaron... Pero no dudo que sea así. Y es que al segundo día ya les coges cariño. El primer día yo creo que no eres muy consciente de que estás en un orfanato (por lo menos en este), porque es como una gran familia, todos viviendo bajo el mismo techo... Pero según van pasando las horas vas conociendo sus historias, algunas desgarradoras la verdad, vas viendo como reaccionan ante la llegada de un voluntario nuevo (unos quieren jugar contigo desde el minuto uno, otros pasan delante de ti y como si no te hubiesen visto), y vas comprobando que a parte de a ellos mismos también necesitan la presencia de un "mayor" y ahí es cuando te das cuenta de que les aportas algo, aunque te acaban de conocer y saben que en unas semanas te vas a ir, y es cuando te dices: pues sí, va a ser que esto es bueno para ellos. Y si es bueno para ellos es bueno para ti. Y es bueno para mí, porque mi temor a que no me saliese naturalmente darles el cariño que requieren se esfumó el día 2 :)

    Bueno, os había prometido unas fotitos (he tenido que esperar un poco a hacerlas, ya que te piden unos días hasta que los niños se acostumbran a verte...). Esta pareja es única, aunque creo que llevan unos días medio enfadados. Son Sushil (6 añitos, camiseta de rayas) y Ayush (4).

    Son los peques del orfanato. Molan porque van siempre juntos echándose una charlas que parece que están arreglando el mundo. Que se contarán!!!

    He de reconocer que Sushil es mi preferido... Es más gracioso... El primer día le decía: Sushil my friend! Y me contestaba: no! Y yo: no??? Sushil my friend tomorrow?? Y el: no!!! Bueno, pues ya le pongo yo el uniforme por las mañanas, le ato los zapatos, jugamos, me coge de la mano "de manera aleatoria???" para ir al cole.... Ya es Sushil my friend YES!!!!

    Cristina
    Voluntaria


  • 13 de Marzo 2014 - SOLIDARIOS PARA EL DESARROLLO

    Solidarios para el Desarrollo es una ONG española muy conocedora del mundo de las Personas sin Hogar (PSH) desde 1995 y que en Madrid mueve a más de 150 voluntarios.

    Se adjunta un artículo del suplemento Madrid Domingo del 9 de marzo del periódico El País escrito por Esther Sánchez que refleja muy bien lo que hace Solidarios y el mundo de la calle, y que casi todos nosotros vemos transparente.


    El cielo como techo

    En Madrid viven unas 2.200 personas sin hogar, de las que 700 no acuden a los centros de acogida y duermen con sus escasos enseres a la intemperie.

    Esther Sánchez – El País suplemento Madrid Domingo 09.03.14


    Un hombre pasa la noche bajo el viaducto de la calle Segovia
    Un hombre pasa la noche bajo el viaducto de la calle Segovia. / KIKE PARA

    (Dedicado a Raquel).

    Madrileña, de 44 años, encontró cobijo hace seis en los bajos de uno de los puentes más bellos de Madrid, el de la Reina, que cruza el Manzanares a la altura de la ermita de San Antonio. Belleza que se diluye al descender por las escaleras situadas en uno de sus laterales. Allí residía Raquel, una mujer con cáncer terminal y cirrosis. Una pequeña tienda de campaña le servía de precario dormitorio, a ella y a su perra Nica, su gran amor y acompañante fiel.

    Raquel falleció el sábado de la semana pasada sin lograr su mayor anhelo: “Tener una cerradura, nada más”, en referencia a una habitación o una casa. Renegaba de los albergues públicos “porque no hay libertad, ni intimidad”. La vida en la calle había dejado marcas en su cara y en su cuerpo, pero no consiguió arrebatarle su sonrisa. Con ella recibió a EL PAÍS, bajo el puente, cinco días antes de morir.

    Raquel formaba parte del colectivo de 700 hombres y mujeres que sobrevive en las calles madrileñas al raso, sin echar mano de la red de centros de acogida municipales. El 48% españoles, el resto extranjeros. La cifra total de personas sin hogar, incluidas las que utilizan los albergues, es de unas 2.200. El 80% son hombres, con una edad media de 42 años.

    Parte inferior del puente de la Reina, donde vivía Raquel, la persona que se ve al fondo. / KIKE PARA
    Parte inferior del puente de la Reina, donde vivía Raquel, la persona que se ve al fondo. / KIKE PARA

    El día a día de Raquel se había vuelto más penoso de lo habitual. La enfermedad avanzaba, mermando sus fuerzas y su capacidad para andar. Casi no se movía de la ribera del río, que conocía tan bien. “Algunas personas me traen comida, ropa, se preocupan de mí, también los del Samur Social”. Fueron miembros de este servicio asistencial del Ayuntamiento los que la convencieron, un día antes de su muerte, de que era necesario trasladarla a un hospital, del que había salido hacía poco tiempo.

    Procuraba tener su espacio lo más decente posible. “Lo barro y lo tengo arregladito. Cuando llegué aquí era un estercolero”, explicaba Raquel, señalando sus cacharros de cocinar, su pequeña barbacoa, sus libros… Le gustaba mucho leer. “Es que yo era profesora”, desveló con un punto de orgullo en sus ojos. Su vida comenzó a torcerse cuando decidió trasladarse con su pareja a Portugal. “Empezó a tener la mano larga y volví a España, me trajo un camionero”. No tenía donde dormir y acabó en un banco de Atocha. Pedía dinero, “para tener algo y para comprarle una latita de comida a mi perra”. Seguramente le gustaría saber que uno de esos vecinos del barrio que la apreciaban terminó llamando al Samur Social para hacerse cargo de su perra Nica.

    Desde Atocha se desplazó al parque de la Bombilla, hasta que llegó el desahucio con las fiestas de San Antonio de la Florida. “Nos dijeron que allí no podíamos estar y así llegué debajo del puente, donde sigo”. Desde hace unos tres años vivía con su pareja, que no estuvo con ella los últimos momentos por problemas con la Justicia.

    Un lugar, bajo un puente de la M-30, que utilizan los sin techo como refugio. / KIKE PARA
    Un lugar, bajo un puente de la M-30, que utilizan los sin techo como refugio. / KIKE PARA

    Además de los vecinos y de los trabajadores del Samur Social, los voluntarios de la ONG Solidarios para el Desarrollo visitaban a Raquel de lunes a viernes. Los miembros de la organización recorren los lugares en los que se refugian las personas que duermen en la calle. Su objetivo es conversar con ellos “desde la igualdad, en un intento de romper su soledad e intentar ayudarles a recuperar su autoestima”, explica Jesús Sandín, responsable del programa.

    Los bajos del puente de la Reina han tardado poco en recibir a nuevos inquilinos. Sara, una despierta asturiana de 25 años y Alejandro, su “chico”, un rumano de 26, descorren la cremallera de otra pequeña tienda , instalada al lado de la de Raquel, ocupada ahora por otros dos rumanos. Los nombres son ficticios. Piden no ser identificados, porque detrás de ellos, como de las demás personas sin hogar, hay familias y seres queridos a los que prefieren ahorrar el conocimiento de su situación actual. Algo que preocupa a la mayor parte de este colectivo.

    Ambos tienen niños, él un chaval de siete años, ella una niña de seis. “¿Qué dónde están? Con nuestras exparejas, en esta situación no los podemos tener con nosotros”, contesta Sara. Aseguran que hoy no han conseguido albergue donde estar. Todo lleno. Aunque Carmen García de Pablos, la directora del centro de acogida de San Isidro, el mayor de todos los que existen en Madrid con 268 plazas, sostiene que todo el que llama a su puerta es atendido. Después se derivan los casos al Samur Social, que valora la situación de cada persona y deciden el lugar más adecuado.

    Alejandro es panadero y no tiene papeles. “Me los robaron y ahora me los están tramitando”, explica. Viene de pernoctar en uno de los lugares abiertos para la campaña de frío. Actuación con la que el Ayuntamiento habilita 543 plazas en tres centros de acogida, que refuerzan las 1.478 habituales, coincidiendo con las épocas de más gélidas. La campaña finaliza el 31 de marzo.

    Para asearse la pareja acude a los baños públicos situados en la calle de Embajadores, como muchos otros. La ducha, a 0,50 euros. Sacan algo de dinero ayudando a los coches a encontrar sitio en el aparcamiento que existe enfrente de la clínica Moncloa, en la avenida de Valladolid. “Vamos por la tarde, porque por la mañana hay un rumano, tenemos que vivir todos”, aclaran. Porque como decía Raquel, “en la calle, quitando los metegambas, no hay problemas. Se trata de respetarnos y de no robarnos, bueno ni entre nosotros ni a nadie”.

    Sara se crio en hogares de acogida. Sufrió el abandono de su madre y la muerte de su padre por culpa de la droga. “Quizá por eso”, reflexiona, “tengo cursos de estética, peluquería, camarera, hasta de carpintería, pero que, al final, no me han servido para nada”. La pareja no sabe qué camino va a tomar mañana, pero Sara tiene claro que no se puede vivir así, que hay que salir de la calle.

    Darío Pérez, jefe del departamento del Samur Social, explica que las personas son libres y a nadie se le puede obligar a ir a un centro de acogida. “Aunque en la mayoría de los casos no es una elección tan libre”, detrás existen problemas de muy diversa índole, y llega un momento en el que su situación es tan extrema que les lleva a tomar esa decisión. “Pero seguimos trabajando con ellos en la calle, abrimos procesos, les gestionamos los papeles y las rentas mínimas de inserción”.

    Una voluntaria de la ONG solidarios para el Desarrollo conversa con un sin hogar. / KIKE PARA
    Una voluntaria de la ONG solidarios para el Desarrollo conversa con un sin hogar. / KIKE PARA

    Los datos recopilados por el Ayuntamiento en el último recuento de personas sin hogar realizado en diciembre de 2012 indican que el 54% de las que no acuden a albergues lleva más de dos años en la calle; el 7% entre uno y dos años; el 8% entre seis meses y un año y el 24% menos de cuatro meses. Y cuanto más tiempo lleva un individuo en la calle más difícil es “reconstruirlo tanto física como psicológicamente”, coinciden los especialistas. Desde 2006, año en el que se realizó el primer recuento de este tipo, el incremento del colectivo ha sido del 12%. “Hay que tener en cuenta que son datos estimativos, porque tienden a la invisibilidad”, añade el jefe del Samur Social.

    Antonio, de 27 años, ha fijado su residencia bajo una pasarela peatonal en el parque de la Bombilla. Al pie de las vías del tren. Sabe bien los horarios del Cercanías madrileño, es imposible hacer oídos sordos al ruido. Combina calle con el cercano centro de acogida de San Isidro. Es una de las personas que ha obtenido la tarjeta de día, que le permite pasar la jornada en el albergue y utilizar todos sus servicios a excepción del alojamiento. Allí se alimenta y se asea.

    Un enganche a una farola le permite tener luz. No se separa nunca de su bien más preciado, un ordenador. Cuenta que lleva ocho años “rulando” y que no se droga, ni bebe. Nació en Vigo, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Madrid, en acogida. “He trabajado de peón, carpintero, mozo de almacén, reponedor y hasta de comercial”. Ahora no tiene trabajo, está en la calle y solo.

    La falta de un empleo, como le ocurre a Antonio, es el motivo que manifiesta el 41% del colectivo de personas sin hogar que les ha conducido a la calle. Un 18% lo achaca a la falta de dinero, y el resto se distribuye entre rupturas afectivas, falta de papeles y adicciones. Solo un 3% manifiesta que su situación es voluntaria.

    Carlos (nombre figurado, porque también quiere permanecer en el anonimato por su familia) lleva asentado en un pasadizo de la plaza Mayor desde hace unos seis años. “Tantos que casi ni lo recuerdo”. A las ocho de la mañana ya está en pie, como el resto de las alrededor de 20 personas que buscan refugio en los soportales de la turística plaza. Los servicios de limpieza municipales desembarcan a esa hora e inician una labor de recomposición del lugar. Los sin techo empiezan a desperdigarse.

    Tiene 65 años, aspecto muy desaliñado, y contesta a regañadientes. Dice que va a desayunar y lleva un periódico en la mano. “Me gusta estar informado”, explica. Duerme sobre unos cartones encima de los que coloca una colchoneta térmica “de esas de cámping”, se mete en un saco y se tapa con unas mantas. Habla de su época de cocinero en Inglaterra, de los idiomas que habla y de que el Samur Social le está tramitando la pensión. También de que algún cartón de vino cae. “Ya está bien de conversación”, corta y se aleja plaza adelante con paso renqueante.

    Es otra de las personas que siempre ha rechazado entrar en un albergue. Normas, horarios, convivencia, no existencia de plazas para parejas, falta de intimidad, son algunas de las razones que los alejan del sistema implantado. Para los más recalcitrantes, el Ayuntamiento ha ideado unos centros que están abiertos todo el día y con requisitos de acceso muy básicos. Lo que se busca es conseguir acercarlos a la red de atención.

    Una vez vinculados a los centros, explica García de Pablos, la directora del centro de acogida de San Isidro, se trata de conseguir que continúen adelante. En su centro les ofrecen, además de alojamiento y manutención, cursos y talleres. “Son personas muy luchadoras, pero les han pasado tantas cosas, a veces en un espacio de tiempo corto, que seguramente nosotros no lo soportaríamos”, opina. Algo que tenía muy claro Raquel. “Cuando alguien me mira con desprecio por la calle, pienso que si ellos acabaran aquí no serían capaces de aguantar ni un momento”.



  • 8 de Marzo 2014 - Mi reencuentro en Kolkata

    Mi reencuentro en Kolkata.

    Namaste, un saludo, una bienvenida, una sonrisa.

    Cuando uno viaja a Calcuta siempre o casi siempre es por una razón ligada al corazón, una promesa, una búsqueda de la persona, un reencuentro con tu yo, una huida, un comienzo.

    Todo comenzó años atrás, una promesa cumplida y no recuerdo porqué, me hizo decidirme emprender el viaje esperado durante muchos años a Calcuta una ciudad de más de 20 millones de habitantes, al  este de la India, en el delta del río Ganges donde se desconocen las cifras exactas de su desigualdad social: más del 40% de la población viven en slums, los barrios de chabolas, un 30% vive con menos de 1 € al día y es el lugar del mundo donde vive la mayor población sin hogar, y las condiciones higiénicas son precarias. La diferencia entre pobres muy pobres y ricos es bestial, y a donde a uno le da vergüenza ser occidental y poderse tomar una cerveza o comer una pizza en un restaurante italiano  a precios europeos.

    Todos conocemos Calcuta por la película “la ciudad de la alegría” y por la madre Teresa de Calcuta, y mi deseo comenzó por conocer y ayudar a gentes ignoradas por la sociedad, y qué mejor lugar que en las Misioneras de la Caridad y en su primer centro fundado por la Madre Teresa en 1952, Kalighat, para “the sick and dying destitutes”, para moribundos recogidos en las calles, y haberlos los hay.

    Cuando andas por la ciudad, que no paseas, la multitud te lleva y hay una mezcla de olores, colores y ruidos. Es una ciudad caótica, sucia, basura por doquier, muy ruidosa, llenas de gentes, vehículos de todo tipo y animales, vacas, perros y muchos, muchos cuervos que vociferan constantemente alimentándose de la basura, donde los semáforos y pasos de peatones casi nunca se respetan, donde tienes que coger los buses en marcha y bajarte en marcha.

    Mi trabajo diario con las Hermanas era sencillo, una cura de humildad, fregar la ropa de los enfermos, tenderla, repartir el desayuno, fregar los cacharros, esperar hasta mediodía, repartir la comida y volver a fregar los cacharros.

    Uno se preguntaba, pero ¿las Misioneras de la Caridad no podrían tener lavadoras y friegaplatos?, sería todo más fácil pero su habito de pobreza, de ser igual a los más pobre se lo impide.

    Solo eso, pero en ese tiempo, solo 4 horas, se producían situaciones que te decían dónde estabas, algún enfermo que fallecía, alguno o alguna que ayudabas a dar un paseo, o mimabas un poco o le hablabas en inglés o en español aunque daba igual, algún moribundo que llegaba de la calle y habían encontrado tirado y los lavabas con zotal, en algunos casos con heridas abiertas llenas de gusanos, te hacían sentir que ser pobre e ignorado es “una putada”.

    Mis compañeros de todos los países del mundo desarrollado se afanaban por hacer su pequeña labor, sonrientes, con ganas de preguntar de donde eras, y entablar una pequeña charla en esos 30 minutos que teníamos durante la mañana para tomar un té especial con galletas especiales hechas por las monjitas.

    Era habitual al salir de Kalighat darme un paseo de una hora hasta Sudder Streat, necesitaba conocer la ciudad, la vida de esta ciudad, hasta llegar a la calle de los voluntarios occidentales, y en ese espacio de tiempo veías la vida que transcurre y no para, pasas por slums cuyas casas son de plásticos, niños semidesnudos y descalzos, hombres y jóvenes lavándose en las bombas de agua repartidas por toda la ciudad, calles llenas de puestecillos ambulantes de comida, carnicerías con sus artículos colgados llenos de moscas y alrededor perros y cuervos dispuestos devorar lo que puedan, tiradores de rickshaws, el transporte tirado por un hombre único en el mundo y que sobreviven ellos y sus familias por 2.000 rupias al mes, 35 €, coches y coches, viejos, muy viejos y alguno casi nuevo, destartalados autobuses llenos, pero que muy llenos de gente, al igual que los tranvías.

    De vez en cuando alguna farmacia, donde te venden las medicinas por pastillas sueltas y alguna tienda humilde de modisto que son todos hombres.

    Pero sobre todo lo que hay que hacer en Calcuta es deambular por las calles, ver sus mercados llenos de coloridos, sus puestos en las calles, a los niños sonreír con sus grandes ojos negros, a las mujeres coquetas y siempre muy arregladas independientemente de su casta y riqueza material, comer en sus puestos callejeros y muy baratos, un mundo diferente,  y tan lejos de occidente que te olvidas de su existencia y comienzas a andar, pensar y ser, y existir como un kolkateño.

    A la hora de comer me sentaba al lado de un puestecillo ambulante para saborear algún plato típico a base de arroz por 14 rupias, aproximadamente 20 céntimos de euro y mientras comía observa a la gente a mi alrededor, gente humilde, trabajadores de todo tipo que paraban 10 minutos a comer rápidamente para no perder su ritmo, su tiempo.

    Pero el día no terminaba sin pasarme a saludar a mi amiga Ana, fundadora de una ONG, Amavida, todo corazón y pasión y que un día decidió ir a vivir a Calcuta y ayudar a esos niños que viven y existen alrededor de la pobreza, de los slums, los barrios de los más pobres.

    Estar a su lado te animaba y hacía que tu sonrisa brotara porque siempre estábamos rodeados de niños risueños, con unos ojazos negros brillantes y sonrientes, pendientes de ese plato de comida que se les daba en la escuelita y que ponían sobre el suelo y comían, con ganas, utilizando solo sus manos pequeñas. Te sentías bien y te olvidabas de esa ciudad llamada Calcuta o Kolkata.

    Kolkata “o la amas o te mata”, es uno de los slogans de los voluntarios españoles que pasan cada año una temporada y larga por sus calles, fundamentalmente Sudder Street y sus hoteles cochambrosos, pero baratos.

    Al regresar a mi habitación alquilada con un camastro y nada más me sentía cansado pero orgulloso y satisfecho de un día lleno de emociones e intenso, pensaba y echa de menos lo que había dejado en Madrid y me quedaba dormido hasta el nuevo día a las 5:30 de la mañana, donde un nido de cuervos cercano me despertaba y me decía donde estaba.

    Pasado un tiempo tu cuerpo vuelve a realidad de tu casa, tu oficina, tu ambiente y tu vida en España pero tu corazón sigue un poco ahí en Kolkata una ciudad para amar y volver.

     

    Justo Palma

    Secretario de la Fundación Europamundo



  • 7 de Marzo 2014 - CRÓNICAS DESDE BURKINA FASO

    CRÓNICAS DESDE BURKINA FASO

    El impacto del agua y la salud

    Por Amaia Celorrio*

    Fatoumata es una joven maliense de 18 años que no se separa de su pequeño, Smaguel, de tan sólo un año. Su marido murió cuando ella estaba embarazada y a los pocos meses, cuando la violencia volvió a estallar en Malí en enero de 2012, decidió abandonar su país y huir a Burkina Faso. Junto a su familia y con la ayuda de un burro, tardó 5 días en llegar al campo de refugiados de Goudoubou.

    Cuando conocí a Fatoumata y a Smaguel hace cuatro meses, ambos estaban en el centro de nutrición del campo, ya que el pequeño estaba recibiendo tratamiento para la malnutrición aguda. Smaguel, muy despierto y risueño, no paraba de jugar con nosotros. Y es que con las revisiones médicas y con Plumpynut (alimento terapéutico compuesto de mantequilla de cacahuete para tratar la malnutrición infantil), la salud del bebé había mejorado sustancialmente en los dos últimos meses.

    Los trabajadores humanitarios de ACNUR me comentaron que éste no es un caso aislado. En un estudio realizado en los campos de refugiados de Burkina Faso en marzo de 2013 los resultados mostraron que la situación era preocupante: había una alta prevalencia de anemia entre mujeres, niñas y niños en todos los campos, y una emergencia nutricional en el campo de refugiados de Goudoubou, donde la tasa de malnutrición aguda era del 24,5%, muy por encima del estándar de emergencia del 15% que marca la Organización Mundial de la Salud,

    De hecho, cuando en mi primer día de visita me reuní con el líder del campo y le pregunté cuál era el mayor problema, tuvo muy clara la respuesta: la salud, y en especial, la de los niños y las niñas. Y esto lo pude constatar cuando visité el centro de salud y el centro de nutrición. Decenas de mujeres con sus hijos aguardaban pacientemente su turno sentados fuera. A pesar de los esfuerzos y el trabajo de ACNUR y de las ONG con las que colabora tanto en este ámbito como en el de agua y saneamiento, los retos continúan siendo enormes.

    Porque como Fatoumata, más de 168.000 personas, la mayoría mujeres y niños, fueron desplazadas cuando la rebelión tuareg estalló en Malí. Todos ellos huyeron de sus hogares dejándolo todo atrás: su casa, sus pocas pertenencias, su modo de vida… y llegaron a países como Burkina Faso, Níger y Mauritania que estaban sufriendo una grave sequía.

    A finales de 2012, en el campo de Gandafabou, en Burkina Faso, los refugiados sólo tenían acceso a 6,5 litros de agua por persona y día (cuando el estándar en emergencias es de 15 litros y cuando en España de media consumimos cerca de 142 litros). El problema de la falta de agua en la zona era muy grave y afectaba gravemente a la salud y nutrición de las poblaciones refugiadas, especialmente de los niños y de las niñas, por lo que el año pasado lanzamos la campaña “Agua para el Sahel”.

    No puedo explicar con palabras la sensación de visitar los campos de Burkina Faso un año después y ver cómo gracias a la solidaridad de nuestros socios y donantes la situación había mejorado notablemente, ni tampoco el agradecimiento que los refugiados y refugiadas me expresaron. Los enormes depósitos de agua, las conversaciones en las fuentes mientras las niñas llevaban sus bidones, las letrinas…  Esas sonrisas, esos abrazos, esos juegos se han quedado grabados en mi mente y quiero compartirlos con todos vosotros.

    “A Smaguel  le han dado un tratamiento para que mejore y está ganando peso”, señala con una pequeña sonrisa Fatoumata. “En el campo me siento segura y muy agradecida, pero quiero volver a Malí cuando haya paz. Allí volveré a trabajar como artesana, y quiero que mi hijo estudie”, añade.

    A pesar de que la situación ya es algo más tranquila en Malí, todavía cerca de 49.900 personas permanecen refugiadas en Burkina Faso, 68.460 en Mauritania y otras 50.000 en Níger, mientras que más de 217.000 malienses han buscado un lugar más seguro dentro de su país. Y por ello, ACNUR continúa trabajando centrando sus esfuerzos en proporcionarles refugio, protección, asistencia sanitaria y nutrición, educación,  actividades generadoras de ingresos, y agua y saneamiento. Porque como me contaban, nadie elige ser un refugiado.

    https://www.eacnur.org/content/con-tu-ayuda-acnur-env-o-agua-sahel

    *Amaia Celorrio, Responsable de Relaciones Públicas y Contenido del Comité español de ACNUR, nos cuenta su visita a los campos de refugiados de Goudoubou y Sag-Nioniogo en Burkina Faso, donde ha podido comprobar el trabajo de ACNUR, y en especial, el impacto de los fondos recaudados en la campaña “Agua para el Sahel” que se llevó a cabo en 2012. 



  • 1 de Marzo 2014 - HISTORIAS DE VIDA

    HISTORIAS DE VIDA. ASOCIACIÓN DAN ZASS.
    DANZA-TEATRO CON PERSONAS CON Y SIN DIVERSIDAD FUNCIONAL.
    ESCRITO POR: VICENTA GALIANA LLORET (PROFESORA DANZA Y DIVERSIDAD).


    Entradas agotadas
    Diciembre del año 2011. Se trataba del espectáculo Envueltas de la Asociación Dan Zass, en el que fui co-directora y bailarina. Tengo mucho cariño a esta foto ya que fue muy satisfactorio llegar al teatro y ver que esa tarde íbamos a sentir el calor del público, por otro lado confirmaba que todo el trabajo previo al espectáculo había servido y que sólo nos quedaba disfrutarlo.
    Envueltas fue un espectáculo de danza- teatro en el que participaban veinte bailarin@s con y sin diversidad funcional en escena. Pero lo de menos era la discapacidad y lo de más era la danza. Veinte bailarin@s, tod@s con diferencias, creando y enriqueciéndose un@s de otr@s.

    La mujer orquesta
    La idea que más me seduce del trabajo que hago es descubrir que hay millones de formas de entender y codificar el mundo, de relacionarse con las cosas y las personas. La variedad de miradas es la que nos hace mejorar y ver que no hay una realidad sino muchas.

    Dentro de estas mil maneras de codificar el mundo, una manera muy especial es la de Cristina, la presidenta de la asociación, una de esas mujeres orquesta, una persona que toca un sinfín de instrumentos a la vez y no sabes muy bien cómo lo hace, pero al final suena una melodía agradable. Una persona que con una mano sigue el ritmo que marca su corazón, silba otra melodía que está en su cabeza y al final, la canción que se escucha, son proyectos que van hacia delante. Cuando llegué a la asociación, Dan Zass era un proyecto personal de Cristina, que compaginaba con su trabajo. A la vez se encargaba de dar las clases, buscar la metodología más acertada, gestionar la asociación (búsqueda de espacios, trabajo de administración…), realizar muestras de danza, vestuario, coordinar al voluntariado y demás tareas, que como buena mujer orquesta llevaba a cabo con éxito. Cuando yo llegué había doce alumn@s y necesitaba una persona de apoyo para poder ofrecer un extra de calidad en las clases. Pasado un tiempo, me di cuenta de que yo también era mujer orquesta, cuando te conquista el corazón un proyecto así, no te queda otro remedio, ni siquiera es mérito tuyo.

    Preguntas y más preguntas de las mujeres orquesta

    ¿Cómo dotar a la danza de herramientas para que llegue a todo el mundo? ¿Qué metodología seguir? Preguntas que se repiten cotidianamente en el trabajo en Dan Zass. Estába todo por hacer, sentíamos que nos tocaba a nosotras, porque era el momento. Nadie nos había enseñado cómo bailar con una persona con autismo, o con parálisis cerebral, no sabíamos muy bien lo que queríamos hacer, ni cómo lo íbamos a hacer, pero sí teníamos claro lo que no queríamos: no nos permitiríamos ni potenciaríamos sentimientos relacionados con la compasión hacia ninguna persona por el hecho de ser diferentes, por ello en nuestras clases, ensayos y espectáculos exigimos que cada participante, incluido nosotras, aporte lo mejor de sí mism@. Queríamos que l@s bailarin@s potenciasen su autonomía y formaran parte del proceso creativo, con su subjetividad, sin esconder ni maquillar nada, celebrando las diferencias y enriqueciéndonos de ellas.

    ¿Qué es arte? ¿Qué es danza? ¿Qué es inclusión? Empezamos con la formación en danza que teníamos, estudios, experiencias laborales y el bagaje que da haber sido mujer orquesta. Pero en realidad nos dimos cuenta que había muchas cosas que no nos servían para desarrollar nuestras clases como nosotras queríamos. Debíamos seguir formándonos, investigando, viajando, conocer compañías de danza, hacer cursos sobre diversidad funcional, psicomotricidad, así que empezamos una búsqueda personal y profesional, consumiendo arte, compartiendo experiencias, haciendo amig@s, encontrándonos con profesionales, asistiendo a congresos, jornadas, un proceso de convertir nuestro ser en una esponja, absorbente y permeable a los detalles. Viajes en busca de nada y todo, porque teníamos la sensación de que nada nos satisfacía completamente pero encontrábamos a profesionales que ya estaban trabajando desde hacía tiempo con el arte y la diversidad y era agradable tener un lugar de encuentro, poner en común experiencias y aprender. Supongo que no hay nada ni nadie que te entregue la llave que resuelva tus dudas ni necesidades, porque finalmente, no hay mejor maestra que una misma y la experiencia que se gana con el tiempo con actitud crítica, el trabajando en equipo, equivocándonos, perdiéndonos, fluyendo, no sé, intentándolo.

    Ahora pienso que la danza es la discapacitada, ya que no sabe entender y llegar a todos los tipos de cuerpos, mentes y subjetividades. Tengo la sensación de trabajar con la danza y con la idea que tengo acerca de ella, más que con las personas.

    Por explicaros, un poco más, Dan Zas es una asociación, un grupo de profesionales de las artes escénicas, plásticas y educación especial, que desde el año 2004 imparte clases de Danza-Teatro y realiza actividades artísticas con personas con diversidad funcional (síndrome de Down, parálisis y daño cerebral, lesión medular, déficit intelectual, déficit visual, trastornos por déficit de atención, trastorno generalizado del desarrollo y trastorno del espectro autista) en la Comunidad de Madrid. Manteniendo como eje principal la orientación artística, se basa en el lenguaje de la danza contemporánea, danza contact, teatro e improvisación.

    Reincidentes de cuerpo-esponja

    Otra manera muy especial de ver el mundo es la de Clara, dejamos a las mujeres orquesta para hablar de reincidentes del teatro. Aprendo muchísimo de la danza con esta reincidente, también de las cosas importantes que no son danza.

    Este dibujo es suyo, bailarina adolescente, que ha estado de gira con el espectáculo de Envueltas. Una bailarina comprometida con la danza, responsable en los ensayos, dispuesta a repetir movimientos, pasos y coreografías hasta que quede como a la directora le guste.

    Con este dibujo Clara nos muestra cómo vive los ensayos y las actuaciones, ya que es un medio a través del cual ella se expresa mejor, dado que no utiliza el lenguaje verbal para comunicarse con los demás de manera efectiva. Digo que Clara está comprometida con la danza no sólo por su buena actitud, ganas de trabajar y mejorar con las que viene siempre a clase, sino porque tiene la voluntad de autorregularse en momentos de nervios. A veces hay situaciones que a ella le sobrepasan en su sensibilidad, exactamente no sabría decir cuáles son, supongo que espacios nuevos, ambiente agitado de la actuación o exigencias técnicas que hacen que cambie de repente algo que estaba ensayado de una manera. Aunque se haya trabajado con ella anticipándole a través de pictogramas y fotos lo que va a suceder y los lugares nuevos en los que va a estar, en algunas actuaciones todo es demasiado para ella y sobrepasa su nivel de cuerpo-esponja, llega un momento que ya no puede absorber más y necesita vaciarse para poder llenarse, así que llega a enfadarse y sufrir, aun así, cuando oye la música y siente que el público está en sus butacas, su ansiedad sigue ahí, pero sabe que la tiene que aplacar y salir a escena, no hay otra posibilidad.

    ¡Cómo no la voy a entender! A veces, en los momentos que preceden al inicio del espectáculo, me gustaría salir corriendo, siento que me hago pis, tengo la boca seca y siento el estómago lleno de hormigas, pero no sé por qué, Clara y yo somos reincidentes del teatro en primera persona. Porque cuando estás en escena, es como otro tipo de existencia, no sabría explicarlo, sería una mayor consciencia, un estado de alerta, la sensación que todo funciona como es debido, no cabe otro pensamiento o sentimiento que no sea el presente, la complicidad con l@s demás bailarin@s.

    Finalmente el recuerdo que se nos queda grabado con más fuerza es el que Clara tiene del espectáculo, es ese dibujo que vemos, bailarin@s sonriendo encima de un escenario. Al siguiente ensayo vuelve con alegría y ganas de trabajar. Porque en el día a día puede haber cosas que nos creen ansiedad, pero eso no nos va a impedir hacer las cosas que nos gustan.

    Saber dejar ir las cosas
    En la actualidad Dan Zass es una asociación que tiene más de 80 alumn@s- bailarin@s. Realiza actuaciones, cursos de formación a profesionales, tiene un programa de voluntariado nacional e internacional. Participa en jornadas, encuentros, mesas redondas como investigadoras de la danza y la diversidad…. los inicios fueron lentos, muchísimo trabajo sin los resultados que creíamos que nos merecíamos: en el 2004 se comenzó con una sola alumna y dos profesoras, era de risa, De ahí un rosario de trabajo, investigación, proyecciones sobre hacia donde queríamos ir y de ver cuáles de los objetivos que nos marcábamos se cumplían… Hasta dejar nuestros trabajos en el 2009, en pleno inicio de la crisis económica, para dedicarnos a la asociación al cien por cien, ante el asombro de nuestr@s familiares y amig@s.

    Ha habido momentos de todo tipo durante este periodo, como somos bailarinas lo diré con el cuerpo: corazones latiendo rápidamente, lágrimas refrescando las mejillas, nudos en la garganta, plexo solar abierto, energía en los músculos, pulmones a todo gas, ceños fruncidos, ojos como platos, labios inferiores temblando, mandíbulas apretadas, sonrisas, abrazos espachurrantes… todo esto es extensible a las clases de danza que impartimos, actuaciones, trabajo de gestión, cursos impartidos.

    Este año ya no formo parte del proyecto Dan Zass, sigo relacionada pero no con tanta intensidad, ya que he cambiado mi residencia. Creo que hay que saber empezar las cosas, pero también dejarlas ir.

    Echo la vista atrás y visualizo todo lo que he vivido en la asociación desde que empecé hace siete años. Supongo que era la misma sensación que tenía Clara durante la gira de Envueltas, esa sensación que te hace superar los imprevistos, las frustraciones y malos momentos, la sensación de formar parte de algo que es más grande que una misma, de ser una mujer-orquesta- esponja. La cooperación entre todas las personas que forman una asociación, desde l@s bailarin@s, sus familiares, voluntari@s, seguidor@s, entidades colaboradoras, personas afines. Al final lo que queremos que quede de todas nuestras vivencias es eso, un dibujo de personas que son felices bailando.


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